lunes, 25 de noviembre de 2013

Lobería.

Por primera vez en su vida, ha sido pececillo a este lado de las aguas atlánticas.
Gotillas frías espabilaban cada célula.

Lobos.
Viento del sur.
Romper de olas.
Mar tragándose al rey sol.
Arena que calienta sus cuerpos.
Canciones en la ruta.

La felicidad se podía sentir en el brillo de su mirada, en la sonrisa de niña.


domingo, 10 de noviembre de 2013

Río Negro.

Olor a río.
Zambullirme en agua fría.
Reír a carcajadas.
Despertar cada cachito de piel.
Relamerme el labio superior.
No hay sal.
Coger arena finica.
Hacerme la muerta. 
Mirar al cielo con los ojos chinillos por el sol.

Ser mar. Expandirse el alma. Fluir.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Morilla

"Ser andaluz es la forma que tengo yo de ser persona".

Esa frase de Carlos Cano lleva un tiempo retumbando en mi cabeza.
De vez en cuando aparece de la nada, otras es provocada.

Hace poco fue 12 de Octubre, y, como siempre, anduve tarareando esa canción de Paco Ibáñez por toda la casa, por las calles, aunque nadie la conociera.... "la fiesta nacional nunca me supo levantar" y menos aún estando en Argentina, viendo cómo ondean las banderas de los pueblos originarios en las plazas... Esas hermosas banderas llenas de luz  y color.

Y nunca me había parado a pensar en que el día que España celebra el día de la "hispanidad", es el mismo día que debería representar la expulsión de los últimos moriscos, de mis tatarabuelos, del reino de Granada. Sí, esa ciudad mágica llena de patios y fuentes, de música y poesía, de acento y agua, de azulejos y callejuelas.

¿Y cómo confío en la escuela?
Sé lo que ésta ha querido que sepa. Siento lo que ésta ha querido que sienta. Me dijo que "descubrimos" América y que "echamos" a los moros. ¡Como si yo no tuviera nada que ver con los moros! Como si alguna morilla no hubiera sido mi abuela que a escondidas tuvo que practicar su religión y sus costumbres.

¡¡¡!!! Yo ¡¡¡!!! Andaluza de nacimiento y corazón. Yo, hija de mil lunares mozárabes. Yo, de lengua ligera y coraje. Yo, que amo comer con las manos y compartir el plato.

En mi piel bailan todas las pieles que se follaron... También las que vendrán. Negras, marrones o amarillas. Las que se erizarán con el viento de poniente. Todas. Todas bailan en una fiesta eterna, con sonidos de mil flores.


No puedo conmemorar una invasión.
Pero debo recordar quien soy, mi lengua y mi piel. Mi movimiento y mi mirada. La alegría y la palabra. Debo, como pueblo honrar mi pueblo, porque si algo es ser andaluz, es sentir la humanidad en cada poro de la piel. Como el blanco y el verde. Como la tierra y la libertad. Andalucía, que sabe a oliva, que huele a sudor, elixir animal, que ríe y sueña como una niña.





lunes, 4 de noviembre de 2013

Entre guitarras y voces, calimba y movimiento, organillo y sonrisas, el sol se iba colando por la ventana.
El canto recibía.
El nuevo día rompía.
La oscuridad de la noche se desvanecía.
Y, la carilla se les calentaba.
Así, gracias a los rayos de luz que se filtraban por la persiana, llegó el momento de dejar la copa y contar sus lunares.

Déjame ser como tú eres, viento.

Las palabras se las lleva el viento...
El mismo que nos trae el polen de mil flores y nos fecunda.
Aquel que nos sacude y despeina.
Y, a veces, tan leve e intenso, que nos eriza.