Se sabía dichosa cuando en las mañanas, entre este mundo y
otro más allá, recuperaba retazos de imágenes, sombras e intuiciones. Intentaba
encajarlas para que la intoxicaran de armonía y resurgir un día más. De tanto hablar de los sueños se
quedó seca. No lograba hilar más de dos chispotazos de sus noches. Se preguntaba
por qué, y se alejaba...
Pero cuando el cuerpo
estaba tan agotado de noches sin dormir y emociones a mil, la energía fluyó libre por toda ella imponiendo su propia ley, pintando aquí y allá en papel duradero.
Personas separadas por miles de kilómetros se encontraban en
edificios que alguna vez visitó. Edificios que parecían tangibles, con un
rinconcito donde acomodarse y disfrutar de los pequeños placeres de la vida.
Compañía que te hace vibrar, conversaciones que te llevan a otras realidades,
silencios que te inundan de paz, ojos que se entornan para descansar en el
cuerpo amigo y… El Libro.
Un libro que le transporta a tiempos pasados, a personas que
amó, con las que nació una vez más. Motivos por los que sonreír con el alma y
abrazar fuerte, así como si quisieras despojarte de la piel y de la carne para lograr fundirte en su ceniza. Un
libro con lobos y mujeres, mujeres y lobos, mujeres que parecen lobos y lobos
que parecen mujeres, aullándoles a la luna para que les caliente un poquito con
su luz.
Y pudo sentir el olor de los pedacitos de cielo y de
infierno cayendo como lluvia para calar nuestros huesos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario