lunes, 28 de octubre de 2013

Se sabía dichosa cuando en las mañanas, entre este mundo y otro más allá, recuperaba retazos de imágenes, sombras e intuiciones. Intentaba encajarlas para que la intoxicaran de armonía y resurgir un día más. De tanto hablar de los sueños se quedó seca. No lograba hilar más de dos chispotazos de sus noches. Se preguntaba por qué, y se alejaba...

Pero cuando el cuerpo estaba tan agotado de noches sin dormir y emociones a mil, la energía fluyó libre por toda ella imponiendo su propia ley, pintando aquí y allá en papel duradero.

Personas separadas por miles de kilómetros se encontraban en edificios que alguna vez visitó. Edificios que parecían tangibles, con un rinconcito donde acomodarse y disfrutar de los pequeños placeres de la vida. 
Compañía que te hace vibrar, conversaciones que te llevan a otras realidades, silencios que te inundan de paz, ojos que se entornan para descansar en el cuerpo amigo y… El Libro.

Un libro que le transporta a tiempos pasados, a personas que amó, con las que nació una vez más. Motivos por los que sonreír con el alma y abrazar fuerte, así como si quisieras despojarte de la piel y de  la carne para lograr fundirte en su ceniza. Un libro con lobos y mujeres, mujeres y lobos, mujeres que parecen lobos y lobos que parecen mujeres, aullándoles a la luna para que les caliente un poquito con su luz.


Y pudo sentir el olor de los pedacitos de cielo y de infierno cayendo como lluvia para calar nuestros huesos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario