jueves, 18 de julio de 2013

Libre?

Ya no adivinaba su coche por las calles.
Tampoco recordaba su olor.
Ni lo buscaba, borracha, en la agenda telefónica.
Todo indicaba que se había librado de él.
Y se sabía contenta, un poco más libre, también.

Pero, en sueños, él aparecía, la abrazaba y se quedaba con ella.

Había conseguido borrarlo de su vida para enterrarlo en las noches. Noches en las que a ella le hubiera gustado morir, por el placer de no despertar.

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