domingo, 30 de junio de 2013

Quizás, un comienzo.

M estaba sola. Rebuscando por todos los rincones. Una escopeta y dos hijos. Sin balas y con un bebé gestándose. Sola con varios hombres fuera. Los ojos de sus pequeños asustados se le clavaban. Revoloteaba por toda la casa. Como una leona que protege a sus crías. Como un animal. Solo la supervivencia la movía.

En un cajón, bajo el colchón de la cama, tras un armario o en cualquier otro lugar, M encontró las balas.

Los ladrones que vinieron a saquearla o, simplemente, a molestar para hacer una gracia, correteaban por alrededor de la casa. Aporreaban las ventanas, amenazaban con entrar por la chimenea.

M, con sus pequeños bajo la falda, con una mano en el fusil y otra en el vientre, estaba preparada.

M dejó de ser la misma.

Ahí acabó la historia que soñaban.

Ahí comenzaría esta historia.

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