lunes, 11 de agosto de 2014

"Vuelvo enseguida"

Detrás de cada escrito de cierre, continuamos.
Ahora no. Ahora no.
Basta de ceder, de pensar que puede funcionar.
El vaso se rebasa de agua turbia y yo no quiero beber más.

¿Cómo romper cuando aún late?

No sé, pero en algún lugar andará el amor propio... Voy a buscarlo...Vuelvo en un rato...

sábado, 12 de julio de 2014

VÓMITO.

A veces tienes tanto tanto tanto amor que dar... que te empachas sola y, por no ahogarte, las náuseas quieren sacarlo como sea..

viernes, 9 de mayo de 2014

Está bien.

Ya está bien de perros y gatos.
De sadomaso.
Ya está bien de velas y brujería.
La fantasía está genial, ¡pero ya está bien de joder la marrana!

Reseteando el disco. Hora de reempezar. La puerta entreabierta, por si un soplo de luz la sorprende y abre enérgicamente.

jueves, 8 de mayo de 2014

Deseos y estrellas.

Prefiero no mirarte a los ojos para que no veas lo que hay en el fondo los míos.
Sí, son efectos de luz, de amor.
Te quiero. Eso no cambió, aunque sí las formas.
Deseo rozarnos, besarnos. Reír desde el alma, mirándonos sin miedos, sin preguntas. Que agarres mis manos, las aprietes entre las tuyas y digas lo mucho que te encantan.
Deseo hacerte el amor y que tú me lo hagas. Desde antes de tocarnos hasta la explosión, el temblor.
Pero sé también que me dañas. Que con sólo una mirada puedes dejarme chiquitita chiquitita. Incluso hacerme desaparecer. Tus críticas desde el amor me hacen grande y libre, pero también conozco las dañinas y destructoras.
Somos como dos estrellas fugaces, que casi aparecen el mismo instante.
Sólo eso.
Intensas estrellas fugaces.
Efímeras estrellas.


sábado, 26 de abril de 2014

La tempestad.

A veces la caída es tan dura que parece que las piernas se quebraron y jamás podrían volver a pararse.
El estómago se te cierra y no tienes ganas ni de llorar.

Por instantes quieres retroceder en el tiempo… Pero no. No vale de nada ese planteo, el preguntarme y si tal…y si pascual…

A veces el choque con una parte de ti es tan brusco que da vergüenza. Que gustaría ser tortuguita para meter la cabeza en el caparazón, hacer como que desapareciste, como si fueras una niña que al tapar sus ojos nadie puede verla.

Más tarde, en un oleaje de sensaciones, empiezas a ver que el cielo se abre una pisquilla… que este mar bravo que golpea con fuerza es necesario…

Consigues llegar a la orilla, con las rodillas ensangrentadas por los revolcones contra las piedras. Estás a salvo. Raspada y magullada, pero a salvo.

Hay una nueva oportunidad, las nubes dejan aparecer más rallitos de sol que pronto calentarán tu piel y tu alma.

Vuelves a encontrarte, después de unos meses perdida, parece que queda algo de tu esencia.


Rescátala. No siempre hay una tempestad que te empape hasta los huesos.